El presupuesto es la parte del proyecto que más gente lee. El promotor mira el total, la constructora mira los precios, el banco mira el PEM y, meses después, la dirección facultativa vuelve a él cada vez que certifica. Un presupuesto mal estructurado no se nota el día que se entrega; se nota en la primera certificación, cuando una partida no se puede medir porque nadie sabe qué incluía.
Vamos por partes: cómo se ordena, de dónde sale cada precio y qué tiene que tener el banco de precios del estudio para que el siguiente presupuesto no empiece de cero.
Capítulos, partidas y líneas de medición
El Código Técnico, en el contenido del proyecto de su anejo I, pide para el proyecto de ejecución unas mediciones desarrolladas por partidas y agrupadas en capítulos, y un presupuesto detallado con el cuadro de precios, el resumen por capítulos y los valores de ejecución material y de contrata. La forma concreta la decide el estudio, pero el esqueleto es siempre el mismo:
- Capítulos, y si hace falta subcapítulos, normalmente en el orden en que se ejecuta la obra: actuaciones previas y demoliciones, movimiento de tierras, cimentación, estructura, cubiertas, fachadas, albañilería, instalaciones, revestimientos, carpinterías, urbanización.
- Partidas, cada una con su código, su unidad, una descripción que dice exactamente qué incluye el precio, su medición total y su precio unitario.
- Líneas de medición bajo cada partida: dónde está y cuánto mide, con unidades, largo, ancho y alto. Es lo que permite comprobar la medición y, más adelante, certificarla por partes.
Los dos capítulos que pone la norma
Hay dos que no son costumbre sino obligación. El presupuesto del estudio de seguridad y salud tiene que incorporarse al presupuesto general de la obra como un capítulo más (Real Decreto 1627/1997). Y la valoración del coste de la gestión de residuos de construcción y demolición forma parte del presupuesto del proyecto en capítulo independiente (Real Decreto 105/2008). Son los dos que más se olvidan en las reformas pequeñas, y los dos que antes se señalan al revisar un proyecto.
Una partida bien escrita
La descripción de la partida no es un adorno: es lo que define qué se paga. «Tabique de ladrillo» no dice nada. «Tabique de ladrillo cerámico hueco doble de 7 cm, recibido con mortero de cemento M-5, incluso replanteo, aplomado, recibido de cercos y parte proporcional de roturas, mermas y limpieza» sí, y en caso de discusión es lo que se lee.
Esas coletillas, «incluso» y «parte proporcional de», son las que deciden si un remate va dentro del precio o es un precio contradictorio. Merece la pena escribirlas una vez bien y guardarlas en el banco, en lugar de redactarlas cada vez.
La medición, por su parte, debería ser comprobable. Una cantidad suelta, «84,50 m²», obliga a rehacerla para revisarla. Tres líneas, «planta baja, 2 × 6,20 × 2,70», «planta primera…», se revisan en un minuto y se pueden certificar línea a línea cuando se vayan ejecutando.
De dónde sale el precio: el descompuesto
El precio unitario de una partida bien justificada es la suma de sus componentes, y su descomposición tiene tres tipos de recurso:
- Mano de obra: horas de oficial y de peón por unidad, a su precio horario.
- Maquinaria: horas de la máquina por unidad, a su precio horario.
- Materiales: cantidad por unidad, mermas incluidas, a su precio.
Encima van dos porcentajes. Los medios auxiliares, un pequeño tanto por ciento sobre el coste directo que cubre lo que no se mide por separado. Y los costes indirectos, que en obra pública se fijan como un porcentaje de los costes directos igual para todas las unidades de obra: la caseta, el encargado, los consumos de la obra. El reglamento de contratos lo regula así y la obra privada lo ha adoptado como práctica.
Las cantidades por unidad, los rendimientos, son lo que de verdad distingue un precio de otro. Un material sube y el precio se actualiza solo; un rendimiento mal puesto, 0,35 horas de oficial por metro cuadrado donde hacen falta 0,50, hace que la partida esté mal en todas las obras en que se use.
Del PEM al PEC
La suma de todas las partidas, medición por precio, da el presupuesto de ejecución material (PEM). Es la cifra de referencia para casi todo lo demás: los honorarios suelen calcularse sobre ella, y es la base de la que salen las tasas e impuestos municipales de la licencia.
Sobre el PEM se aplican los gastos generales de la empresa constructora y su beneficio industrial. En obra pública los primeros están entre el 13 y el 17 % y el segundo es el 6 %; en obra privada son pacto, aunque el 13 más 6 se ha quedado como costumbre. El resultado es el presupuesto de ejecución por contrata (PEC), y el IVA va encima de ese PEC, no del PEM.
PEM de 200.000,00 €. Gastos generales al 13 %, 26.000,00 €; beneficio industrial al 6 %, 12.000,00 €. PEC, 238.000,00 €. Con un 10 % de IVA, 23.800,00 €, el presupuesto total es 261.800,00 €.
El banco de precios del estudio
Nadie escribe un presupuesto desde cero. Se parte de algo: una obra anterior, una base de precios pública o la de un colegio, como el banco de costes de la Junta de Andalucía, la base del Precio Centro de Guadalajara o la del ITeC. Todas son buenas referencias y todas tienen el mismo límite: recogen precios medios de una zona y un año, con rendimientos estándar.
Lo que de verdad ahorra horas es el banco propio: las partidas que el estudio usa de verdad, con la descripción ya escrita como le gusta y los precios ajustados a lo que las constructoras con las que trabaja están ofertando. Tres reglas que lo mantienen útil:
- No editar la base pública por dentro. Se copia la partida al banco propio y se ajusta allí. Si no, al año siguiente no hay forma de saber qué precio era de la base y cuál era nuestro.
- Revisar primero lo que pesa. En un presupuesto, una docena de partidas suele sumar la mayor parte del PEM. Esas se contrastan con ofertas reales; el resto puede quedarse con el precio de referencia.
- Fechar los precios. Un banco sin fecha acaba mezclando precios de tres años distintos en el mismo presupuesto.
Cuatro errores que aparecen en la primera certificación
Mediciones sin líneas
Una cantidad total sin desglose no se puede certificar por partes. Cuando la obra está a medias, hay que volver a medir para saber qué parte de esos 84,50 m² está hecha.
Partidas alzadas para todo
La partida alzada tiene su sitio, un trabajo pequeño difícil de medir, pero usada para capítulos enteros convierte la certificación en un porcentaje a ojo y la liquidación en una negociación.
La unidad equivocada
Una partida en m² con un precio pensado para m³, o una carpintería por unidad cuando la medición se hizo en m², produce un PEM que parece razonable y está mal por un factor de tres.
Precios cerrados que no cuadran con su descompuesto
Si se ajusta a mano el precio de una partida y su descomposición se queda como estaba, el presupuesto se sostiene en el programa propio, pero en otro que recalcule desde los recursos el precio cambia. Es la causa más común de los presupuestos que no cuadran al pasar por BC3.
Cómo lo hace Rucob, y hasta dónde llega
El módulo de mediciones de Rucob monta el presupuesto como se ha descrito: capítulos y subcapítulos, partidas con su descripción larga, y líneas de medición con unidades, largo, ancho y alto. Cada partida se descompone en mano de obra, maquinaria, materiales y costes indirectos, tomados de un banco de recursos que se reutiliza entre obras; si cambias el precio de un recurso, cambian todas las partidas que lo usan. Los porcentajes de gastos generales, beneficio industrial e IVA se ajustan por obra, con el 13 y el 6 % de partida.
Las bases de precios externas se importan en BC3 como referencia: se consultan en un panel aparte, de solo lectura, y de ahí se copian partidas al presupuesto sin tocar la base. El presupuesto sale impreso o en PDF con su resumen por capítulos, PEM y PEC, y desde el mismo expediente se certifica y se factura.
Y sus límites: una base de precios muy grande funciona en el dispositivo donde se importa, pero puede no sincronizarse con tus otros equipos, porque cada presupuesto viaja como un único registro de tamaño limitado; Rucob avisa cuando se acerca a ese tamaño. El plan Gratis permite dos obras de mediciones; exportar a Excel, Word o BC3 es de los planes de pago. Lo tienes todo en precios.
El paso siguiente al presupuesto es la obra. Para eso: cómo se calcula una certificación de obra.
Fuentes
Textos oficiales en los que se apoya este artículo, comprobados el 6 de octubre de 2026. La normativa se modifica: conviene abrir siempre la versión consolidada vigente.
- Real Decreto 314/2006, de 17 de marzo, por el que se aprueba el Código Técnico de la Edificación: anejo I de la parte I, contenido del proyecto: mediciones y presupuesto.
- Real Decreto 1627/1997, de 24 de octubre, disposiciones mínimas de seguridad y salud en las obras de construcción: artículo 5, presupuesto del estudio de seguridad y salud como capítulo del presupuesto general.
- Real Decreto 105/2008, de 1 de febrero, producción y gestión de los residuos de construcción y demolición: artículo 4, valoración de la gestión de residuos en capítulo independiente del presupuesto.
- Real Decreto 1098/2001, de 12 de octubre, Reglamento general de la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas: artículo 130 (costes directos e indirectos de los precios unitarios) y artículo 131 (gastos generales y beneficio industrial).
